Carlos Orlando Ortega Ortega

20140128-IMG_3928.jpg

¿Qué historia de tu vida te gusta contarle a la gente?

20140128-IMG_3931.jpg

"Podemos conversar de la niñez, cuando fui descarriado de toda la mafia de la familia no más.  Imagínate que no fui criado con mi mamá, ni tampoco mi familia me quería ver, me crié con unos padrinos. Después falleció mi padrino estando en el colegio. Dejé de estudiar a los nueve años, llegue a tercero de preparatoria. Tuve que ponerme a trabajar, para poder alimentar a mi madrina,  con un hermanastro que vivía conmigo ahí. Debido a eso tuve que seguir trabajando y hasta la fecha. El otro problema que hubo fue que se llevaron a mi madrina al pueblo, así que yo era él que tenía que llevarle al pueblo del campo su leña, quedé viviendo con mi hermanastro. La señora de mi hermanastro no me quería tampoco, dormía en el lado de atrás de la cocina económica, en una tabla que había así tan ancha (muestra un espacio con sus manos de más o menos 40 centímetros) y me acostaba detrás de la cocina a leña que existía en el campo. A la hora que se apagaba la leña despertaba sobre el frío y tenía que volver a meter leña. Después, al final, me dijeron que tenía que irme y me fui a vivir con una tía, ahí daba toda la plata que ganaba para la casa. En ese tiempo en el campo les daban parte de utilidad a la gente cuando se cosechaba, y yo le daba toda mi utilidad a ellos. Íbamos a moler al pueblo y le llevaba la harina a ellos, y más encima yo no tenía ningún beneficio en la casa, ni un plato de comía me daban, porque andaban de malos modos, decían que yo dormía, que no hacía nada en la casa, tenía que trabajar yo.

Una vez a mí me limpiaron la nariz con un saco de trigo nuevo, que estaba en su primer uso. Porque andaba hasta por acá andaban las velas (apunta a su pera). Llegó mi hermanastro y me pescó, yo era chico, y me limpió la nariz con un saco nuevo, nunca más en mi vida he sido moquillento, nunca más, ni por más resfriado que esté, es un remedio que tuve. De ahí, cuando yo era chiquitito me invitaban para las maquinas trilladoras en el campo, antes eran con capacho, tenían una canoa para tirar los sacos hacia abajo. Y había un viejo que me quería más que otro poco, por eso digo yo que la gente extraña me ha querido mucho más que la misma familia, el viejo me quería y cuando llegaban las trillas le decía al jefe; “jefe, este negro es mío, tráigamelo para acá” y yo era así no más (apunta a una altura cercana a un metro) me ponían un saco, me sentaba en el saco y me amarraba de un fiero, porque había un cuadrado arriba donde me sentaba y después estaba la canoa. “Tú te vas a dedicar solamente a cocer” decía y me amarraba, porque si me soltaba, bien caía debajo de la maquina o caía por la canoa, y si eso pasaba tenían que parar la máquina, eso fue cuando tenía unos once años, más o menos. Sí, porque a los doce años me eché un quintal de cien quilos sentado al hombro, fue una apuesta. Ese viejo siempre mi quiso siempre, siempre. Por mis manos y por las manos de él pasaban ochocientos sacos diarios, ochocientos sacos cocidos, y vamos cociendo. Nadie nos hacía el peso a nosotros. A veces nosotros llegábamos a los mil sacos, cuando el trigo estaba bueno, o el rap, porque en ese tiempo se sembraba rap, nosotros pasábamos los mil. A mí me tocaba cocer, tres puntadas al saco y a la oreja, esa era la orden; “tres puntadas al saco, le mandas la tirada y la oreja, y para abajo.” Y él tiraba los  sacos para que yo no me cayera por la canoa.

20140128-IMG_3936.jpg

Cuando chico miraba lo que otras personas comían, miraba porque cuando estaban comiendo un asado me tenía que sentar allá lejos porque resulta que yo molestaba entremedio de la otra gente, porque era la oveja negra de todo el lote. Cariño no hubo nunca, nunca supe lo que era un cariño de primo, de hermano, de padre, de madre. Ella me fue a buscar cuando yo ya tenía diez y seis años más o menos. No quise hablar con ella, me arranqué, salté por la ventana y me fui a la casa de mi tío Carlos, era mi guarda espaldas.

Como digo yo llegaba a la casa de los familiares, de mi hermano a veces, miraba lo que los otros comían, por eso ahora doy gracias a Dios, me doy el lujo de comer lo que yo quiero, y por eso tengo la enfermedad que tengo (riéndose), la buena mesa y la diabetes, empezaron a llegar las hormigas, y eso que me gusta más el asado a mí, calcula.

Ahora tengo otra vida, porque yo rehíce mi vida solo, compré todas mis cosas de casa, tengo mi cama, tengo mi cocina, tengo mis platos, mis ollas. Me falta la pura casa y la mujer adentro no más. Soy feliz ahora, soy feliz, no importa que no tenga la mujer adentro. Pero nunca se me va a olvidar lo que yo pasé.

Hay hartas cosas  que te puedo contar pero uno tiene que empezar de un principio, te las conté muy saltadas."

Pueden encontrar a Carlos:

https://goo.gl/maps/mYvha

20140128-IMG_3940.jpg